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In absentia

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Panegíricos



 Nota: Está escrito como si le hablara, mi hijo, su nieto,

Mi abuelo sólo se ha ausentado. Vicente ahora sólo está ausente, temporalmente ausente. San Pablo escribe en la carta a los Corintios: tempus breve est. Es indubitablemente así, nuestro tiempo, nuestras vidas sólo son un leve suspiro de Dios pero, claro, en nuestro cotidiano y hacendoso estar viviendo olvidamos que sumando todos los momentos de la humanidad siquiera llegamos a acariciar lo eterno. Ciertamente estará pensando -con esa sonrisa irónica con que nos obsequiaba a menudo-  que, según el tempus Dei, queda poco para que nos reunamos con él: Tempus Fugit.

Si hay algo que caracterizaba la vida de mi abuelo era esa particular manera de estar atento, vigilante; ese contínuo estar pendiente de los demás. Que acto tan sencillo y, a la vez, tan difícil porque lo arduo es convertirlo en un hábito, en estar al servicio de los demás  permanente y cotidianamente. Todo ello sin relajar el ánimo ante los difíciles avatares que surgen en el camino. No un rato, no un día, sino todos y cada uno de los días con todas sus horas de su larga e intensa vida estuvo pendiente. Deberíamos saber, lo mismo que él lo sabía, que la renuncia a uno mismo que conlleva pensar en el otro y cuidarle  es el triunfo del amor de Dios; el origen y el fin último de todos los amores posibles del hombre. Quod scripsi:”Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”

¡Por eso ahora, en su ausencia, en su breve no estar con nosotros, es la hora!  Sí, es el momento de recuperar todos los recuerdos que han permanecido latentes en el fondo de nuestra memoria en común, hagámoslos renacer de las cenizas de ese aparente olvido para volcarlos en nuestras vidas, hagámoslos nuestros como cuando nos sumergimos con devoción en las páginas de un viejo libro. 

Por eso ahora, ahora que nos mira desde su bien ganado descanso, hagamos por merecer su legado, esa particular y excelsa forma de amar;  y agradezcamos todas esas pequeñas cosas que nos dió y que ahora se engrandecen en su justa medida. Como diría un poeta: Para que sea una buena ausencia, hagámosla buena.

Y como dice mi madre “Papá nos sigue cuidando desde el Cielo”

Sant Cugat del Vallés, 24 de febrero 

Annus Domini MMXII

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