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La vida secuestrada III: La cultura


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Ensayo / Petrorías

Nota: Viene esta entrada de La vida secuestrada  I : El deambuleo y  II: La trampa lábil que recomiendo leer antes que esta.

La cultura es el ancho cauce que desecha nuestros miedos, asegura nuestras vidas e impide nuestro desborde. @Vilpetrus

En adelante separaré las creencias del hombre genérico - postmoderno - y las correspondientes a cada individuo como persona única e irrepetible que somos cada cuál que serán el hilo conductor en entradas posteriores. Empecemos pues por la generalidad, si les parece. Ya sabemos que la creencias provienen de nuestra cultura, de nuestra tradición y que, como esbocé con anterioridad, el sistema de creencias y por ende la cultura y la tradición, se forja por ósmosis a través de la majestuosa lentitud de los siglos. No puedo empezar por describirlo desde el neolítico -primeros atisbos de ello- porque no es el caso de mi meditación y, más si cabe, por que ustedes saldrían corriendo dado que bastante tienen con seguir por donde les llevo para encima salirme de madre extensivamente (permítanme el usteo como mandan los cánones del respeto al prójimo cuando no se le conoce). Veámoslo pues, con brevedad pero con la mínima integridad requerida.




 Hasta principios del s. XX todo estaba cimentado en la tradición y en el basamento político, social y filosófico - argamasa histórica- de Grecia (la democracia, la filosofía y la ciencia), Roma (la ley, la ciudadanía y las ingenierías (infraestructuras));  y en las creencias judeo-cristianas, claro está que hablo de la cultura occidental. El libre albedrío personal (el católico pues para el protestante todo en la existencia es sobrevenido), la responsabilidad personal y una moral personal judeo-cristiana. No olvidemos que para Maquiavelo, Montesquieu, Tocqueville, y tantos otros, es la religión lo que frena los apetitos y sostiene las virtudes (es de perogrullo que estos pensadores, en esencia, se referían al cristianismo).

Vuelvo a insistir: moral personal. Reafirmo, individual, no es social, ni estatal, ni de sectas (sectaria), ni de cualquier ente o abstracción social  de las que existan o se les puedan ocurrir: El ejercicio de la moral (ética) es personal. Y eso no quiere decir que se tenga que ocultar, como se viene diciendo, la religiosidad , absurdo extremo laicista puesto que cada decisión que se toma individualmente lleva el filtro de la moral y muchas se toman delante de los demás. Si cada vez que tomo una decisión me persigno y rezo a Dios para que me sea beneficiosa ¿qué van a hacer? ¿meterme en la cárcel? Háganlo y serán la nueva Inquisición. A nadie tiene que ofender que actúe bajo mis creencias, siempre que no cause mal por ello, y he dicho bien, mal, que no disgusto u ofensa por odio, si, esa que procede de que te odien por lo que eres o crees y se ofendan por lo que dices o haces; eso sólo es xenofobia de la de verdad y no de esas otras tan manidas.

Otro inciso, la libertad de expresión es un derecho que se recoge en la ley no una vía ancha hacia la ofensa gratuita de las creencias del otro. Nunca se me ocurriría ofender al Yavhé de los judíos, ni al Alá de los mahometanos, ni al Buda de los indúes, ni al Dios de los cristianos en cualquiera de sus tres personas divinas. De verdad, a mi esto, no me sale, es imposible que se me ocurra, forma parte de mi respeto al prójimo. ¿A usted, si? Hágase la pregunta. Si la libertad de expresión necesitara de la ofensa yo no la practicaría.



Si en la creencia se vive, en la moral uno se ejercita. La creencia no basta para tomar decisiones, simplemente estoy en ella, me sirve para comportarme de una determinada manera sin estar continuamente evaluándolo todo empero el ejercicio de la moral ( la pirámide moral de la que hablé en la anterior entrada) se ejercita en muchas de nuestras decisiones cotidianas reforzándola hasta consolidarla como creencia si esas decisiones son repetitivas y ayudándonos a decidir en los nuevos cuestionamientos éticos a los que nos enfrentemos. Puedo errar en alguna decisión, pero no puedo cuestionar con ello mi creencia. 

La base del pecado (traición a tu moral, a tu creencia) es la necesidad de la curación de los actos que contravienen nuestra creencia, ante la cual admitimos que hemos obrado mal, en contra de ella y nos proponemos (propósito de enmienda) no hacerlo más; si es ante Dios pedimos su perdón, si es ante uno mismo deberíamos comprometemos, igualmente, a no traicionarla (-le) de nuevo, Me da igual si quieren llamarlo conciencia o su pepito grillo. Claro está que si soy nihilista no tengo que disculparme, no soy responsable de ello, mañana haré lo contrario y estará igual de bien hecho. Nada me atañe y sólo me basto por lo cual la sociedad necesita de una moral coactiva: La ley. Sólo ante ella se inclinará el nihilista como moral impuesta claro está. Sorpréndase pero para estos tipo insertos en el relativismo la ley es su moral, si la ley permite abortar, yo aborto. Estas leyes son de facto un tipo de moral socializada, una nauseabunda ética plebiscitada en nuestros parlamentos. La muerte de la moral personal, ¿lo ven?

Si bien es cierto que, como el número de mis variados comportamientos no necesita justificación, ni límite -está elevado al exponente de la relatividad- necesitaré muchísimas leyes para controlarme, es decir, soy el paraíso del político postmoderno que encuentra en mi la razón de su existencia como ejecutor de esas regulaciones y gastador de los presupuestos necesarios para llevarlas a cabo. Mientras menos moral gastemos los individuos y mientras más nihilistas seamos en nuestro comportamiento más feliz será el Estado.

A los cristianos de hoy nos falta la determinación y la fortaleza para defender nuestras creencias ante el acoso del laicismo y no se trata de repeler los ataques - que bien pudieran estar justificados en legítima defensa- sino, cuanto mínimo, de mostrarlas en público con naturalidad. Créanme no ofendemos a nadie por hacerlo, aunque eso nos venden para hacernos sentir culpables: ¿de qué? Máxime cuando el ejemplo sustentado en el hecho es la mejor forma de transmisión de la fe. 




  La Verdad sólo tiene un camino: Ser anunciada. No es bueno confundir la tolerancia con la indiferencia; ni la prudencia con la cobardía.   Pedro Antonio Villegas Santos

    Bien sigamos con la cultura. No me paso por alto la Edad Media, el Renacimiento y la Ilustración que son ciclos iterativos de ajuste al alza de lo griego, romano y cristiano, saltos cuánticos de profunda creatividad - si, la Edad Media también, mal que les pese a muchos que ven la historia bajo un prisma etiquetal y no en su complejidad- que dan lugar al ideal de occidente: el humanismo cristiano, valor universal, que arraigó fuertemente en toda la sociedad puesto que, generosamente, era lugar acogedor también para el no creyente y para el agnóstico. Lamentablemente este hito de la cultura occidental, este caudaloso y encauzado río se encuentra en proceso de deconstrucción o autocanibalización. A esta aparente colusión tácita de las ideologías deconstructivas con todos, absolutamente todos, los políticos todavía no sé como llamarla; pero no es de la nueva era ya que sólo estamos yéndonos de una y no estamos todavía en la otra.

Decir que las dos guerras mundiales y, en especial la segunda, conmocionaron la cultura occidental - la oriental, en la nipona, también- fue ese el preciso instante en que nuestra civilización perdió pie en el cauce de su cultura y estamos dando boqueadas por el ahogo que padecemos desde entonces. Que en el momento álgido de la misma -cuando nos sentíamos más buenos que nunca, menos pobres que nunca, más civilizados que nunca- vinieran a ocurrir las peores salvajadas que jamás hubiera podido imaginar el hombre, tanto en calidad - por innoble calaña-  como en cantidad - por los millones de seres humanos que fenecieron entre sus fauces-, fue lo que nos dejó huérfanos de la fe en el ser humano y, aún más doloso, dejó un transfondo de impotencia ante la maldad del hombre del que aún no nos hemos recuperado. En el preciso momento en que el superhombre tomó las riendas, el caballo se desbocó y, no pudiendo retornar al humanismo cristiano - al que hoy se le estigmatiza acusándole de todo, asumiendo la máxima de buscar un culpable para endosarle nuestra desorientación- en esa alocada huida hacia adelante desembocamos en el enlodado mundo del relativismo moral y del nihilismo.

Voy a usar la siguiente frase para seguir adelante con mi disertación sobre esa, nuestra cultura, hasta bien entrado el s. XX.

<"La propuesta ilustrada de humanismo tiene la universalidad que tenía la romana, la urgencia mesiánica del cumplimiento que tenía la cristiana, y el enfoque hacia la soberanía del individuo singular que tenía la renacentista. Pero donde el Renacimiento no percibía posibilidad de síntesis ni ideal formulable  y válido para todos, la Ilustración encuentra uno que, al menos como procedimiento, proporciona la unidad perdida de la cristiandad, a saber, la racionalidad científica” Heidegger y el humanismo del s.XXI  Jacinto Choza
       
Permítanme cuatro matizaciones y un inciso a la aseveración anterior con las que les situaré en los justos términos que pretendo. Empezando por el inciso,  yo diría ideal formidable, por que quedarnos solo en formular -formulable- cuando podemos aspirar a más. En cuanto a la primera matización,  el autor menta sólo la soberanía del hombre renacentista, o del ilustrado, olvidándose del catolicismo. Es decir, el concepto del libre albedrío, que proporciona la libertad para decidir por sí mismo, que proviene de Agustín de Hipona (354- 430) y fue desarrollado con mayor profundidad por Santo Tomás de Aquino(1225-1274); curiosamente de la Edad Media, época cínica o arteramente catalogada por oscura y cruel pero que mantuvo lo anterior a salvo, conjeturó y abordó nuevas maneras de ser - social y políticamente hablando- y catapultó al hombre hacia la modernidad sosteniéndole en sus recios y vitales hombros.

La segunda es que, sin desmerecer la epopeya y el aporte inmenso y generoso de la Ilustración que fue el racionalismo científico, esa unidad pérdida de la cristiandad -que lo fue, lastimosamente, en los dogmas- no se recupera por medio de la racionalidad científica porque no se había perdido, si algo fueron las iglesias y los cleros cristianos son tan científicas en su cosmovisión como creyentes en Dios, es decir, no se había perdido el nexo de la razón física en la cristiandad empero si el dogmático -debido a la dispersión de iglesias- al llegar al racionalismo. Y en llegados aquí, se me echan encima todos los racionalistas y cientifistas.

Fachada Universidad de Salamanca

Baste recordar quienes fundaron las primeras universidades, quienes hicieron los grandes descubrimientos antes de la implosión científica, quienes salvaguardaron los descubrimientos pretéritos; y quienes recuperaron, salvaguadaron y supieron añadir a su ciencia y filosofía el legado romano y griego No me resisto a comentar que lo de Galileo fue una discusión entre científicos de aquellos tiempos, Aristótelicos y Ptolomeístas contra Copérnico y Galileo -olvidándose todos de su contemporáneo y auténtico genio de la astronomía como fue Kepler- y evidentemente nada que ver con la religión. De Galileo cuanto menos es curioso descubrir que su fuerte era la mecánica no la astronomía. En fin, como esto no va de discutir, valgan estos tres ilustrados enlaces para escépticos o no: 


La tercera es que la racionalidad científica hubo de recurrir a la filosofía para salir de su impasse  - le faltaba definirse y poder ser contrastada y eso se lo dio la filosofía- gracias al bueno de Karl Popper: La lógica de la investigación científica, su epistemología de la ciencia, y su principal contribución a una teoría de la ciencia. Entérense cientifistas, no hay teorías científicas verdaderas sino no refutadas todavía porque, aún en su excelsitud, la ciencia sólo es una incompleta representación del hombre y del cosmos y siempre lo será.

Lo peligroso es que el hombre postmoderno no sólo tiende a confundir la ciencia -en su imagen idealizada- con la verdad sino que también le ocurre con la tecnología, que no es más que su resultado y, como tal, sólo es un mero medio. Claro que es fácil caer en la resbaladiza trampa dado que la tecnología es infalible, de corta vida útil, pero infalible y con amplios márgenes exponenciales de mejora -por ahora-.  Debemos entender que la ciencia y la tecnología dentro de su visión parcial son pacatas, ni de lejos resuelven las preguntas consustanciales con el hombre que aborda la filosofía en su visión íntegra de las cosas- . Acontece que esos humanos saltos cuánticos de todo tipo, en todos las ciencias, técnicas y sociales, que se intercalaban puntualmente seguidas de largos períodos de tiempos alisados, ahora resulta que los tenemos casi todos los días pero, desengáñense, sólo ocurren en la ciencia pura y en la tecnología porque en la filosofía y e incluso en la sociología y otras ciencias sociales nada de nada desde mediados del s, XX. Nos hemos quedamos sólo con lo utilitario y lo endiosamos porque parece la perfección en si misma. La tecnología es como un dios menor griego hecho hombre, como un Hércules biónico que todo lo puede pero tan solo es un instrumento. Esto ciertamente es entendible porque es fácil caer en esta sinécdoque utilitaria, en ese vitalismo consumista que deviene, finalmente, en el endiosamiento del hombre pero es imperativo desmontar este Olimpo Humano, este sofisma que nos obnubila.


<La lógica de la investigación científica debe identificarse con la teoría del método científico, las cuales pueden ser sometidas a críticas y reemplazarlas por otras mejores: A esto se le denomina falsacionismo o racionalismo crítico. Las teorías científicas deben poder ser refutadas y ninguna es absolutamente verdadera, sino a lo sumo «no refutada»   Karl Popper sitúa a la ciencia en sus justos términos, aquellos en que los hechos y las teorías son falibles.  [Más Wiki para que no se me tiren al cuello]>





Y, por último - y cuarta matización, permítaseme recurrir a mi filósofo favorito- "Si en lo único en que se creía era la razón física -científica-, al hacerse urgente su verdad sobre los problemas más humanos, no ha sabido ésta que decir. Occidente ha experimentado la impresión de que perdía pie, que carecía de punto de apoyo. Pues bien, si nos ha fallado la razón física, dejemos vía libre a la razón vital e histórica. La razón última por la cual la fe en la razón ha entrado en deplorable decadencia es que el hombre no puede esperar más, necesita que la ciencia le aclare los problemas humanos, está en el fondo cansado de astros y de átomos". Historia como sistema- José Ortega y Gasset (en PDF)

Algo de ello ocurre en este ya nuestro  nasciente tercer milenio puesto que como la ciencia no resuelve ni explica nada de las profundidades del hombre viene a suceder que nunca han existido tantas iglesias, pseudoreligiones, sectas, por haber hay hasta una hilarante iglesia de la cienciología. Hay un hambre insatisfecha y antropófaga, se busca debajo del subsuelo de la mente y del mundo, y se canibalizan las religiones originales para quedarse sólo con sus dispersos y descarnados huesos. Es más, se huye de la religión tradicional para encastrarse en otras más dogmáticas si cabe, más ad hoc, más de "un no se sabe qué ni como", más esclavizantes. En vano se busca un líder vital y falsamente omnisciente que me diga a donde tengo que ir, porque yo sólo me perdí y no sé encontrarme. A algún despistado que todavía me esté leyendo le digo que no lo tiene muy lejos: Jesucristo.

Pero ¿qué es eso de una razón vital e históricaVale, vale que un tal Francis Fukuyama pregonó el fin de la historia, me chillan algunos instalados en lo que denomino como absorción errada, por lo parcial, del conocimiento, de la socialización de la falacia, primero porque no saben de que hablan y, aún habiéndolo sabido, no ven que esa pregonación ha resultado ser falsa.

Veamos, descartando el triunfalismo y la confusión de conceptos explícita en la afirmación de Fukuyama (1989), lo que trata de sustentar es que, después del advenimiento del estado democrático liberal en Europa del siglo XIX, no habría surgido ni podido aparecer, con real éxito y vigencia importante, ningún régimen político alternativo. La cuestión de clase habría sido resuelta por el capitalismo y el liberalismo -bajo el simbólico hito de la caída del muro de Berlín- La decadencia del socialismo sería demostración precisamente de esta tendencia. Pero hemos seguido constatando como el socialismo impregna el Estado y se ha volcado en las ideologías transversales deconstructivas de cultura  , para Fukuyama, al igual que lo fue 1806 después de la batalla de Jena para Hegel, muestra el fin de la historia, en el sentido del fin de los regímenes políticos o como término final de la historia, término final de los grandes cambios.


Sobre la evolución de la cuestión de clase social a la de clase minoritaria que ahora prevalece tendré que hablar más adelante - clase minoritaria o segmentación del mercado de las clases en minorías de poder, como me gusta llamarlo; feminismo generista e ideología de género LGTBI; Verdes-veganos-animalistas y el invento del calentamiento global, etc.-

Craso error porque si algo tienen los regímenes políticos o las ideologías liberales -de izquierdas- es que encuentran la forma de perpetuarse ante cualquier cataclismo que les sobrevenga. Las tesis de Fukuyama duraron tanto cuanto empezaron a aparecer los hechos históricos que lo refutaron. Decía el bueno de Francis que en el fin de la historia no es necesario que todas las sociedades se conviertan en exitosas sociedades liberales sino que terminen sus pretensiones ideológicas de representar diferentes y más altas formas de la sociedad humana. La ironía es que ante el hombre postmoderno parece que, desde este último punto de vista, el fin de la historia es cierto no porque no haya pretensión ideológica, que la hay y clarísima, sino porque no tenemos claras las nuevas alturas que se buscan. Empero sospecho que dicho final sería como considerar el impasse o el zugzwang del que hablo -la ausencia de saltos cuánticos humanos en la cultura- como el fin y no sería así porque si algo define a la historia en su ascenso paulatino es precisamente su ciclicidad, más aún hablo de ciclos estacionales a veces al alza y otras a la baja y dentro de uno de esos ciclos estamos, en un valle de indecisión sin saber si subir hacia atrás o hacia delante o deslizarnos por la sutil y resbaladiza pendiente del valle que tal parece que es lo que estamos haciendo por la vía del relativismo moral.




"No se puede dejar de ser revolucionario sino en la medida en que se es incapaz de sentir la historia, de percibir en el pasado y en el presente la otra especie de razón, que no es pura, sino vital". Ortega y Gasset

Volviendo a la razón vital e histórica, Ortega habla de una razón viviente que se antepone a la razón pura Hegeliana y que se desarrolla y progresa a lo largo de la historia humana, siendo así que la historia es un sistema de experiencias vitales humanas que se desarrollan en forma inevitable y única, un continuum, un proyecto inacabable que se abre progresivamente a nuevos horizontes. Desde el punto de vista orteguiano la historia aún no ha acabado, es más, no ha hecho sino empezar si consideramos el corto trasiego vital que lleva andado el hombre. Recuerden, ya lo dije, la cultura se construye a través de la majestuosa lentitud de los siglos.

"La razón histórica consiste en la aplicación de la razón vital al estudio de la historia, descubriendo en ella la misma razón vital. Y aquí es donde entra el tema de la historia de la filosofía. La historia de la filosofía es una ciencia histórica; y, sobre ella, nos proporcionó Ortega una serie de importantes apuntes, sobre todo, la idea de que la menesterosa filosofía se halla sometida a la gleba espacio-temporal, esto es, que la filosofía es circunstancial e histórica. Pero téngase en cuenta que la filosofía no es circunstancial e histórica por ser filosofía, sino por ser ciencia". Jesús Ruiz Fernández “Ortega y la razón histórica en la historia de la filosofía” pág. 215 Libro en PDF completo

Bueno, ahora, bien sitos en nuestra cultura -¿no ha sido tan farragoso verdad?- podemos empezar a desbrozar los equívocos sobre los que se asienta el hombre de hoy, las falacias interpretacionales que nos dejaron los tiempos modernos. Debo decir que la sociología, o quizás la filosofía, debería tomarse muy en serio el estudio de estos estrambóticos resbalones, de estas infecciones virales de autoengaño social, porque en ellas anidan las mayores insensateces y barbaridades del hombre. Pero esto será el tema central de mi cuarta entrega, La vida secuestrada IV: Las falacias posmodernas.





By @Vilpetrus



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