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La incompatibilidad entre tolerancia y civilizaciones


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La incompatibilidad entre tolerancia y civilizaciones

En un mundo donde impera la tolerancia nada se discute, todo se tolera, todo es admisible y si esto es así nada prevalece sino que lleva a una mezcolanza que no es tal porque el tibio termina renunciando por inacción a sus propias ideas. 

Como en una arcadia feliz todas las civilizaciones -entendidas estas como idea cultural, de orden y de convivencia de cada pueblo específico- convivirían juntas y hasta podrían engendrar una nueva idea común, una suerte de simbiosis generativa de una nueva civilización crisol de la diversidad cosa harto improbable porque, tal como los hechos se empecinan en demostrar, la simbiosis no se produce, al fracaso palpable de la multiculturalidad en Occidente me remito.

Ocurre que las ideas deben ser debatidas discutidas sometidas a la pétrea refutación de la razón y de la evolución histórica contrastada que originó nuestra civilización occidental. Si no se procede así, si todo es admisible, si no constrastamos las ideas de los demás, una de ellas, la más intolerante se impondrá sobre las demás.

La pusilánimidad de la tolerancia, entendida ésta en su fuero negativo, es decir, como consentimiento tácito a toda idea sin que medie confrontación dialéctica o razonada lleva a la muerte por inanición de la propia idea primigenia del tolerante.

Haber superado, afortunadamente, en nuestro tiempo, los antiguos métodos de enfrentamiento violento entre civilizaciones - en el cual una de ellas terminaba imponiéndose ante la otra- , no debe llevarnos sin embargo a la falacia utópica del diálogo tolerante y permisivo porque esta manera de proceder trae consigo la depauperación de las ideas del tolerante, de suerte que las menos tolerantes terminan imponiéndose generalmente por el uso de la fuerza y por el aprovechamiento de los recursos bienintencionados del organismo cedente para conseguir los fines del organismo parásito.

Es indubitable que el proceso de convencer al otro de que nuestras ideas son mejores no suele llegar a buen fin cuando el otro está intrínsecamente en desacuerdo, racional o irracionalmente. Esta circunstancia en la vida de los individuos lleva en unos casos a tolerar - en el buen sentido- al otro y, en otros casos, a desvincularse de él en su grupo social, en aras de la convivencia. Empero está regla individual no sirve, es más es contraproducente, cuando  concierne a nuestra civilización, a nuestro orden extenso, porque no existe física y sociológicamente modo de conjuntar dos formas tan distantes y distintas de ordenamiento en un mismo espacio común. Inevitablemente se crearán compartimentos más o menos estancos -getos o burbujas- separados que llevarán a sociedades antagonistas con sus propias leyes, cultura y modos de vida donde una de las cuales terminará prevaleciendo sobre la otra. Siendo este proceso menos cruento que los de antaño no deja de ser igualmente dañino y, finalmente, sustitutivo pues una de ambas sociedades burbuja terminará imponiéndose sobre la otra;  generalmente esta será la más vital, la más vehemente en la defensa de sus ideas aunque estas sean arcaicas y menos evolucionadas.

Volviendo a usar un símil biológico, es cierto que es posible un trasvase osmótico entre membranas de dispares o divergentes civilizaciones pero este trasvase está separado físicamente por la membrana que actúa de facto como órgano separador que previene la violenta inundación entre ambos organismos consiguiendo un trasvase ordenado y sabio entre las dos formas vitales.


Así pues debemos luchar enfáticamente por nuestras ideas, por nuestro modo de vida incluso, defenderlas por medios legales y hasta coercitivos llegado el caso, en el bien entendido de que si nuestros propios Estados no lo hacen tendrá que ser la sociedad civil la que lo haga. Nos va la supervivencia de la civilización occidental en ello.


By @Vilpetrus

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